
Y hablando del futuro:
Ya les he comunicado a mis hijos lo que quiero que hagan conmigo cuando muera.
Por mi parte tengo previsto que me incineren.
A ellos les he encargado que recojan las cenizas, compren una maceta grandecita, la llenen de tierra y la mezclen con mis cenizas, que busquen tres semillas (que pueden ser de algún árbol propio de la zona) las siembren y cuando nazcan, que dejen el más sano.
Cuando esté grandecito, un metro o así, que lo siembren en una calle, jardín o en el campo.
Y pregunto:
¿Este árbol tendrá algo de Luiggi aunque sea a nivel atómico?
No lo creo, pero lo cierto es que mi muerte dejaría así un árbol más en el planeta, que no es una nimiedad.
Más de ciento cincuenta mil árboles diarios en el mundo si se corre la voz.
Y si no se alcanza eso, al menos dejaríamos obsoleta la rima de Bécquer que decía:
«Dios mío, ¡qué solos se quedan los muertos!»
Y siguió diciendo el poeta:
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.
Yo tampoco lo sé, Gustavo Adolfo, pero sé que cada vez destruimos o quemamos un poquito más de nuestro planeta.
Mi esposa y mis tres hijos con sus parejas han aceptado mi deseo.
Los siete son geniales, inteligentes y diligentes y me sembrarán.
Al enseñarle este escrito a mis hijos, uno de ellos me dice:
«…papá, eso lo hacen ya los japoneses desde hace años. Incluso lo han convertido en un negocio. Han hecho invernaderos a donde acuden los familiares del fallecido, tratan las cenizas de su difunto, las mezclan con la tierra, siembran la semilla y cuidan el arbolito hasta que, ya grande, lo entregan a los familiares para su siembra definitiva.
En Méjico, también hacen algo parecido. Y en España.»
Pues vale.
Nosotros lo haremos a nuestra manera, sin dinero de por medio.
by Luis Vallecillo Durán
Precioso escrito y preciosa transmisión para los sucesores,todo cambiaría si tomáramos conciencia de lo que es nuestro planeta. Un fortísimo abrazo y esa pluma que no pare porque dejas mensajes que se graban en la mente.
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Me gusta la idea. Muchas gracias, Luis por compartir.
Un abrazo y hasta la próxima.
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Muy bien, Luis. Dile también a tus hijos que cuenten conmigo para esa tarea. La idea es muy buena, aunque el protagonista no saboree los resultados. Un fuerte abrazo, Lola y Luis.
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Me alegro sanamente y lleno con una sonrisa, confío en ti y me uno a tu idea. Siempre serás y te recordaré como eres, Luis.
Mi abrazo quiere estar contigo
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Muchas gracias querido tito. Es una idea estupenda que, curiosamente, vengo comentando desde hace algún tiempo a allegados. Me alegra muchísimo que nos la compartas con tan buena literatura como te caracteriza. Fuerte abrazote queridos Luís, Lola y grande y estupenda familia.
Araceli Vallecillo Orellana.
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Estimado Luis, la sombra de un árbol es una gran compañía donde poder pensar y descansar. Como símbolo mágico de nuestro cercano monte el quejigo y alcornoque. El aire tibio y el arroyo zigzagueante sobre el lentisco y el brezo. Este paisaje de otoños y primaveras con las setas sobre el mantillo, evocan los mejores momentos vividos allá arriba, donde las nubes y la luna Jimenata, cubren el cenit de esta belleza natural.
con todo cariño,
Lola y José
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un fuerte abrazo a los dos.
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